Versos escogidos por Juan Luis Bedins de su primer poemario publicado, Sinopsis del olvido (1991)

Contemplo absurdas

constelaciones que me contemplan.

Soy mendigo de la noche,

ebrio de poemas

aún inexistentes.

Desaparecen falsas puertas

de lluvia constante.

Deseo modelar tu historia

con mis manos.

No puedo.

Estricto análisis de olas.


Quizás en el trayecto

de mis sueños

se rompa tu hermosura,

leyenda de luz no matizada

exenta de eximias ceremonias.

Adivinar tu silueta

entre mis párpados dormidos.

Añadir una lágrima

a la sorpresa.

Espacio para festejar tu risa.


Lejano murmullo

disfrazado de beso,

quiero llegar al encuentro

de las algas,

noche fría,

imperturbable presencia

de heladas voces,

gritos de césped,

siento temblar mis manos,

ateridas mis uñas.

 

Extraña risa: los guantes.


Pienso llamarte esta noche,

cielo,

me gustaría que pasáramos juntos

este próximo domingo,

ya lo sabes,

como siempre,

mi pequeño jardín

cercado por desdenes

no encuentra recompensa

en los vasos de cristal.

Sí, eres tú mi recurso transparente,

mi último deslumbramiento

sobre las hojas secas de otoño.

Te recogeré

en el sospechado destino de las flores.


El acerado filo del verano

recorre todos mis huesos

y las estrechas carreteras de mis venas

empapadas en las últimas lluvias

me traen el recuerdo de una carrasca

lacónica e isleña

que como yo

devoraba a Baudelaire

sobre la hierba.

Herida vertical sobre la tierra.

Extraña transición de lo remoto.


Vas a ascender

con la marea de mi sangre

y entonces serás presa

del loco corcel

que me domina.

Indescifrable antorcha

de cálices desnudos,

sostenida entrega

de los cuerpos compartidos.

Crepitar de árboles.

Lluvia.


Serenas desnudeces

en el suave alborozo

de las hojas.

Pienso desceñir las orillas

de las noches de insomnio

y corta el acceso

del lento devenir

de las ausencias.

Deploro los derribos,

siempre cubiertos de distancias.


Humo del cuerpo

en un extenso sobrevivir

de amaneceres,

turbio retazo de pasiones,

pinturas ya amarillas

en el corredor de la tarde.

Paseos por los hundidos bosques

de recuerdos,

aquellas mecedoras,

los muros agrietados.

Tus palabras:

pídeme la noche y te la traigo.


Quiero recordarte

por última vez

pero no puedo,

apoyado en las horas fragmentadas

de la noche.

Aquella voz tan tuya

y tan mía a veces,

claridad de agua renacida,

precisión de alba.

Me retiene tu ausencia

interminable.


Me siento pétalo

que dibuja hipótesis maravillosas,

sin manchas de taberna,

plúmbeo cielo constantemente mío,

mi memoria

razón de olvido,

existe tregua entre amapolas,

aquel río de ángeles

desembocó en tu primavera,

clave de acuáticos sentidos,

alguna vez conceptos imprecisos,

simulacro de palabras.

Hay que amar la vida

y sus ilustres abandonos.

 

 

Versos escogidos por Juan Luis Bedins de su segundo libro Liturgia a siete voces (1994)

Tímido sol

se esperece vacilante

en las aceras.

Blanca lámina

                        sin sombras.

Las aristas,

cárceles del sueño confundido.

Gargantas de limón

junto a las calles.

Observad.

                 Se traslada el silencio.


Lluvia sin fin.

La respuesta está

                                   en nosotros.

A veces la noche se disfraza

de montaña cenicienta

y nos confunde

y perturba

nuestras íntimas querencias.

Secreto vértigo de nube.

Lluvia al fin, sin lejanías.


No la dejes dormida

en tu tristeza.

Noviembre ya llega

con su siega de horas

con su red de metales.

No la dejes aislada

con su horrible sombra,

licor de visiones

sin la sal de tus besos.

Aullido de luna.

No la abandones

y busca tu final

en sus palabras.


Acaso busquemos

donde nada perdimos.

El antiguo litoral

derramándose en mis brazos,

jinete de luz

                        sobre mi sombra.

El agua ya declina.

Las desnudas almohadas

en los lechos

abren puertas

                          al éxtasis de coros.

Busco

extrañas horas sin tormentas.


Adivinas ya el porqué

de tanto esplendor en los silencios,

las miradas desnudas

frente a frente,

los labios avanzados

hacia la aurora,

ambición de estrella,

las horas desgajadas

una a una

                        por tus manos,

iluminada noche

de un miércoles cualquiera

concluido sin prisas.

Sólo elijo tu nombre,

sueño prendido a mi presente.


Extraño mirador

sin barandilla,

semana prestada

a una vida cualquiera.

Siete días,

                        siete voces,

siete pecados capitales

que impunemente fosforecen

en el vientre de la tierra.

Contemplo el ritual

de las cerezas aladas.

Imposible liturgia

de la verdad entera.

 

Versos escogidos por el propio autor de su tercera obra, Desde aquel balcón romoto (1997)

La noche se ha prendido a tu cabello.

Tus besos ya no lloran

pensamientos oscuros.

El último abrazo se quiebra

bajo la extensa luna que nunca calla.

Se deshoja una nube.

El silencio en los pliegues de tu cama.

¿Por qué miras los heridos desiertos

desde mis hombros?

Ya te acarician las mágicas voces

de los abismos.

Es la felicidad.

Arden nuestras manos.


Dolientes calles

La gran ciudad

inventa madrugadas de edificios

que rompen blancos silencios

de armonía transparente.

La imprecisa luz de las fachadas

camina por el suelo adoquinado

o por la fina capa de asfalto,

todo cubierto de prisa y de bostezos,

de densas sombras

en las que se hunden nuestros pasos,

sombras angulosas,

                                     con estrías,

que se clavan en las plantas de los pies

y pueblan de sangre

alguna aurora improvisada.

Dolientes calles

sin un sol silencioso y esperado,

por las que se esparecen

lejanos corazones de ausencias.


El perfil del silencio

¡Cuántas horas he corrido

tras la metáfora del silencio

en los codos de la noche!

En la colina de una canción

sin alma y sin cristales

he soñado con el vocabulario ideal,

con la perfecta imagen del sonido,

con las canas del silencio milenario.

He buscado el perfil del silencio

hasta llevar mis pies

a las jaulas sin colores

y llenarme de la ausencia de palabras.

Sí. Me ha sobrecogido

el hiriente filo del silencio.


El sol se hunde

El sol se hunde

en el horizonte de tus hombros

y tu frágil sonrisa sintetiza mis sueños.

Bella silueta de la tarde enmarcada

entre tus párpados azules y espumosos

como un sueño de mares lejanos

y aventuras.

Denso perfume de palabras

invade el atajo donde crecen las campanas

y tañen los versos en su balcón desnudo.

Las voces se dilatan en el póstumo recodo

de los pétalos de arcilla. La calle concluye

con un gesto de victoria. Labio perfecto.

Butacas ya vacías. Ecos de sol en los respaldos.


El hombre a solas

El hombre.

El hombre a solas.

El hombre a solas

alejado de cuñas de miradas,

buscando nubes de acariciar lanudo,

intentando retener

las silentes frases de la aurora,

mascullando pensamientos

de adiós a la rutina.

El cielo, abusando de lánguidos colores

brotados de la lengua de la tarde…

Y el hombre solo;

a solas con su inmadurez frutal,

con su frágil idea de futuro,

con su desordenada sucesión de imágenes.

La magnitud del vacío de la nada

golpea sus metálicas sienes

y  busca huidas de espumosa niebla

intentando no escuchar

la estrepitosa caída del imperativo humano

que sobreviene

como un inmenso alud de anocheceres.


Bienaventuranzas

Bienaventurada la sombra

que delimita el acerado filo

de húmedas entrañas

y se detiene en el regazo

de desnudos besos

ante el profesional olvido

de hieráticas sonrisas.

Bienaventurada la noche

que entre salmos de fuego

y agua transparente

cobija pétalos de amor

en las solapas de mi frente

y los esparce llena la ansiedad

por los helados campos del futuro.

Bienaventurada la soledad

que escondida en los ojales

de viejas camisas arrugadas

desgarra los sueños

de blancos collares de sirenas

y acuna, en su inmóvil presente,

amplias lenguas de esperanza.

Bienaventurado el silencio

que hace florecer vagos rumores de viento

y tatuando las columnas de los labios

con ecos de lágrimas

busca ese equilibrio deseado,

ráfaga de mar, ceniza o asfalto,

de insatisfechas esquinas hirientes.


La noche declina sus alas

La noche declina sus alas

sobre mis párpados cansados

y la oscuridad con brillo de luna

alimenta mi sangre y  mi silencio.

En vano intento alejar amores y palabras,

en vano me elevo a la cima de la ausencia.

Voy arando imperceptiblemente

los campos del recuerdo.

Adivino largos sueños de papel mojado

como lenguas de perros vagabundos.

Las horas desbordan mi pensamiento

resucitando cadáveres de infancia.

Ya huele a muerte la ladera de la noche

y a débil criatura

tristemente amansada por el vino amargo.

Va creciendo el musgo lentamente

en los cabezales de las lágrimas calladas,

crepita el fuego ante mis labios

y se abren vientres de trémulas estrellas

que vienen a ofrecer la fresca flor de su juventud.

Bebo el néctar escondido entre sus pétalos

y me acuesto reviviendo imposibles realidades.

La noche se me insinúa guiñándome un ojo

y yo me duermo riendo sin precisión y sin sonrisa.


Las horas se vuelven breves silencios

Las horas se vuelven breves silencios

esculpidos por el labio gris de la tarde.

Se produce una súbita convulsión

de pensamientos

perseguidos por el hierro enemigo,

una aguda diáspora de ríos desbordados

soñando ser apacibles arroyos

que pasean entre riscos y cañadas.

Los ojos se protegen bajo el toldo de la noche

y se escuchan largos silbidos

provenientes de estrechos montes de sirenas.

La oquedad del tiempo

se viste con los juncos de pasiones apagadas,

bocas de ceniza sobre las pacientes brasas,

charcos ya vacíos

de humedad sin palabras.

La cabeza va girando

alrededor de los negros cabellos de la alcoba

mientras las horas se vuelven breves silencios

esculpidos por el labio gris de la tarde.


Rígida ciudad que mueres

Rígida ciudad que mueres

precipitándote en lentos golpes de agonía.

Pareces un rebaño

de hierros, de cristales y cemento

en busca del pulmón del subsuelo.

Te recuerdo cuando eras

mariposa de viento y centro de anécdotas.

Ya no encuentro tus mejillas de cobre

ni tus noches de blanda memoria.

Te me has escapado,

vasta urbe cubierta de algodones,

y creo imposible

tu resurrección de flores y de olas.

Navegas sobre lágrimas de cólera

y tus relojes han aplaudido

a los inclinados arcos sin salida.

Una lluvia de sangrantes espejos

cubren el asfalto de tus venas

y frías gotas

corren por tus muslos

desbordando los horizontes de la antigua vida,

soñando con limpias luces

aún no desvirtuadas

y con pájaros de sol sobre tus calles.

Me pregunto

por qué esa multiplicación de falacias

en tu cuerpo de pétalo rosáceo,

por qué esa serpiente de angustia

rompiendo tus ritmos

de amanecer marinero.


Los patios de la infancia

Los patios de la infancia

se abren a la luz del recuerdo

y un pensamiento dulce

lo envuelve todo de agradable aroma.

Recuerdo los gestos de mis padres

y las enormes caricias

que aliviaban mi cansancio.

Aquel mítico cariño

se ha convertido en sed,

en insondable ausencia,

en noche plena de histórico oleaje.

Victorioso sobre ciertas obsesiones

que me clavan su aguijón

emerjo en este otoño que marchita mis labios

y sé que no me odio.

Esbozo una sonrisa.

El tiempo todo lo hace diferente.

 


Versoso escogidos por el propio Juan Luis Bedins de su cuarta obra, Escucho otra cadencia en mi memoria.

VIENTO O ESPUMA

Mis manos tienen sed

de nocturnos triunfantes,

tienen sed de amaneceres eternos,

tienen sed de trabajo y de poesía.

Mi voz necesita un grito de luna llena,

necesita acariciar íntimamente

la espesura del silencio,

necesita penetrar en el suspiro

que no cesa,

hundirse en barro y en errores

para brotar de nuevo en tu sonrisa.

Anhelo ser como el viento, libre,

besar lenguas de fuego

y caracolas desnudas.

Mi corazón es un eterno soliloquio.

Dadme pies y manos, cuerpos enteros.

Deshaciendo mordazas y ataduras

os daré la libertad de las gaviotas.

No cesará la sonrisa de mis labios,

no cesará el rayo de alegría,

no cesarán mis palabras

no el latido de los besos.

Tal vez sean viento o espuma

los que condenen mis hechos.


EN LA NOCHE

Amanece el temblor de un nuevo día

tras una noche de inquietud y llanto.

A veces

hay noches deliciosas,

pero otras

son noches de súplica y miseria

con voces rotas por el hambre.

Pero todas arrastran cadenas infinitas

y en todas ruge un viento

que azota nuestra cara

como el terrible latigazo

de una sábana herida.

Cada paso en la noche

en un certero golpe envenenado,

y en el centro del alma de esas noches

en la oscuridad de sus pliegues

hay manos extendidas ante mí

esperando tan sólo una mirada.

 

Una espiral de afecto contenido

surge de mis hondos abismos

y escapa por los ojos lentamente

en cada lágrima

vertida en mis mejillas.

Desde el torre de silencio

beso la piel

de ese dolor desconocido

y anhelo que el día que amanece

me traiga su sonrisa más temprana.


POR LA SONRISA DEL MUNDO

Del otro lado del firmamento

donde el vacío es un breve sueño

a un delgado suspiro,

nos llega un torrente

de piedras esmaltadas,

de cascabeles finos.

Como oleadas de palomas

nos cubren sonrisas celestes.

 

Habla, canta, ríe,

persigue el ancho mundo

cubierto de rencores

e implanta la ley

del pétalo inmortal.

Escucha,

mira cómo de las gargantas

surgen jardines de futuro

transportados por sombras y emociones.

 

Vibra como la tierra

ante el arado,

llora como el cielo

triste y gris de las tormentas,

canta como los pájaros

en cada amanecer.

Firme y profunda es la voz

surgida de los cielos,

difícil es el camino de la luz,

oculta está verdad

en nuestras vidas

y el anhelo de los hombres

se pierde por senderos sin salida.

Pero mientras esa llama

infinita y sin contornos

dé el calor necesario a nuestras almas

seguiremos trabajando

por la sonrisa del mundo.


AMOR LIBERTADOR

(VARIACIÓN DE UN SALMO) 

Oh amor, no me abandones

en la vejez y en la canicie de mi alma.

Tú me has hecho probar

muchas angustias y calamidades,

pero de nuevo me darás vida

y de nuevo me harás subir

de los abismos de la tierra.

Y yo alabaré tu fidelidad

junto al sonido del arpa;

te cantarán mis labios

entonando cánticos celestes,

pues mi alma será rescatada por ti.

Mi lengua ensalzará tu belleza

y mis ojos y mis manos

querrán estrechar

tu cuerpo inmortal.


LA VIDA ES MEMORIA

La vida es la memoria de lo ausente

el extraño sonido del pasado

un lamento escondido

una ilusión ansiada

la niñez y los juegos,

los largos días de colegio

las meriendas de pan y chocolate

los padres limitándonos las horas

y velando nuestros profundos sueños.

La vida es un recuerdo permanente

las personas con las que convivimos

pero también las que se fueron.

La vida es el presente

y un futuro que es casi siempre incierto.

Desde esta frágil voz en la que habito

afirmo que el olvido sí que existe

y que está siempre lleno de memoria.


INTENTO RESCATAR

Intento rescatar de aquel sótano perdido

el cimbreante sueño de tus rosas

que aún golpea con insistencia mi memoria

y dilata la cicatriz que me atraviesa

como un pálido vértigo sin aliento.

Cuánta distancia recorren mis lágrimas

para besar tus labios

y detenerse en la menguante luna de tus ojos.

El ardiente rumor de la noche estremece tu piel.

Aún recuerdo las estrellas rubricando nuestros nombres.


 

ARENA. INCIERTA PISADA 

Arena. Incierta pisada carente de estrépito.

Largo monosílabo de viento.

Eres una hermosa isla en mi vida,

un espacio fascinante

iluminado por tu introvertida sonrisa.

Te sabes principio y fin de este poema.

Me acompañas siempre

en la tibia cadencia de mis versos.

 


LOS SUEÑOS COMPARTIDOS

Los sueños compartidos

en esta noche sin fronteras

que nace del licor

arrancado a unos labios encendidos

sobrevuelan la cálida mañana

y yacen sosegados en la hierba.

El sol busca su voz

en el mediodía vital

de la palaba

y el hechizo de aquello que anhelamos

duerme entonces un sueño de penumbra.


OTRA VEZ EL MAR

El mar atrapa mis frágiles sueños

juguetea en la noche

seduce a la orilla bañada

de maravillosos recuerdos

humedece la brisa

que susurra canciones

marinas.

El mar me envuelve en cada verso

avanza por mi espalda estremecida

se mece en las luces crepusculares

y escribe consignas sobre las blancas

paredes del silencios.

El mar no conoce la pausa,

no se detiene ante la voz del tiempo.


MEDITACIÓN EN MI TERRAZA

He fumado un nuevo cigarrillo

en la terraza que contempla

las horas de humo y plomo

de esta ciudad que nos oprime

y nos acoge

donde el tiempo cae en silencio,

se derrama en la memoria

de las blancas aceras

y huye fugaz entre sus calles.

Este otoño es más otoño sin tus besos.

El sol escapa entre esquinas desnudas

y nos deja el ropaje del recuerdo.

Las manos se unen y distancian,

dejan menos calor en nuestros cuerpo

mientras la tarde cae gris

en nuestras frágiles espaldas.

Este otoño es más otoño sin tus besos.

Esta terraza me seduce

y angustia al mismo tiempo

porque puedo meditar sobre el ritmo

de los días pasados y presentes

sin abandonar el susurro

de las futuras luces

que llenan de esperanza mis proyectos.


TÁNGER

Poema publicado en edición limitada, con ilustraciones de Ana Vernia.